pascualgc.com Filosofía II Hume: el problema de la necesidad física. Cuestines de hecho y escepticismo

Hume: el problema de la necesidad física. Cuestines de hecho y escepticismo

Pascual González

Apuntes de Filosofía. 2º de Bachillerato

Las leyes de la naturaleza y el problema de la necesidad física

Uno de los problemas más importantes de la filosofía del siglo XVII fue el de la fundamentación de la idea de necesidad física. Tradicionalmente, la epistemología ha distinguido dos tipos de necesidad: lógica y física. Así, las verdades lógicas (y para muchos pensadores también las matemáticas) son necesarias porque su negación sería contradictoria. Ejemplos típicos de este tipo de verdades son el famoso axioma de Euclides:

(1) El todo es mayor que la parte.
o el popupar divertimento que asegura que
(2) El caballo blanco de Santiago es blanco.

Hume llamó a la necesidad lógica “relación de idas”, para dar entender que lo que hacía verdadero un enunciado como (1) es verdadero porque la idea de “todo” implica la de “ser mayor que cualquiera de sus partes”. La filosofía ha caraterizado las verdades basadas en la necesidad lógica con una serie de caracterísiticas como:

En general la idea de necesidad lógica no plantea excsivos problemas, y hay acuerdo en que proposiones como (1) o (2) no sólo son verdaderas, sino necesariamente verdaderas.

Lo contrario de necesario es contingente. Un enunciado es contingente cuando no es necesariamente verdadero. O bien, un suceso es contingente cuando no es necesario que suceda. Por ejemplo, en general pensamos que un enunciado como

(3) el gordo de Navidad del año que viene caerá en 5

es contingente.

Bien, pero, qué ocurre entonces con enunciados como:

(4) La fuerza de atracción entre dos cuerpos es igual al producto de sus masas dividido por el cuadrado de la distancia que los separa.

La epistemología de Descartes y Newton llamó a este tipo de enunciados leyes de la naturaleza. Al llamarlas así, éstos y otros filósofos del siglo XVII querían dar a entender que se referían a algo más que hechos contingentes. O sea, la ley de la gravitación era un enunciado necesario. El problema es que la necesidad de enunciados como (4) es diferente de la necesidad de otros como (1) y (2). Es diferente porque si negamos la ley de la gravitación quizá estemos diciendo algo falso, pero en todo caso no contradictorio. Podemos concebir mundos posibles donde los objetos en ves de atraerse se repelan.

De ese modo, uno de los problemas epistemológicos más importantes de la filosofía moderna, de la filosofía que va de Descartes a Kant, durante los siglos XVII y XVIII fue precisamente ése: ¿cómo podemos demostrar que existe la necesidad física? O sea, ¿cómo podemos demostrar que la naturaleza está gobernada por leyes de las que no podemos esperar exepcpiones? Todavía podemos formularlo de otro modo: ¿cómo estamos seguros de que las regularidades que observamos en la naturaleza son algo más que meras repeticiones de fenómenos similares? De esa manera podemos ver que el problema de la necesidad física es tambiémn el mismo problemadel estatuto de las leyes de la naturaleza.

El autor en el que Hume piensa cuando trata este tema es principalmente Newton. En Gran Bretaña, él es, desde antes de su muerte, el gran héroe de ese renacimiento de la inteligencia llamado la Revolución científica. El gran mérito de Newton fue haber descubierto los principios generales (leyes de la naturaleza) que explicaban todos los fenómenos del mundo físico (salvo los de la luz y los del electromagnetismo). Newton asignó a esos principios el rango de leyes. Esto es, al igual que Descartes o Leibniz, pensaba que la naturaleza física estaba regida por algún tipo de necesidad física. Newton no sólo fue un gan científico, sino que también fue un epistemólogo. En un apartado de sus Principops Matemáticos llamados “Regulae philosophandi” de ocupa del propio método científico. Allí, entre otras cosas, hace una decidida defensa del método inductivo. Según él, la inducción –o sea, la generalizacíón a partir de un número más o menos grande de observaciones- es el método para descubir las leyes de la naturaleza.

Pues bien, el escepticismo de Hume es especialmente duro con la pretensión de que la inducción pueda ser un método para demostrar la necesidad física de las llamadas leyes de la naturaleza. Es aquí donde debemos situar la crítica de Hume al principio de causalidad .

Excursus: crítica de Hume al principio de causalidad

Para una visión más detallada del problema de la causalidad en Hume hay unos apuntes específicos. También puede mirarse el comienzo de los apuntes sobre la segunda analogía de la experiencia en Kant.

Este principio afirma por un lado que todo fenómeno tiene una causa y, en seundo lugar, que causas iguales provocan efectos iguales. Recordemos que la línea argumental de la deconstrucción de ese principio por partede Hume consistía en un proceso similar al de “ingeniería inversa”. Esto es, descomponer la idea de causa para encontrar de qué ideas simples y de qué impresiones procede. O sea, descubrir el modo en que la mente ha formado ese principio. La conclusión es que el princpio de causalidad no procede de ninguna impresión, dado que la causalidad exige la existencia de un vínculo necesario entre dos fenómenos (el fenómeno al que llamamos causa y el fenómeno al que llamamos efecto) y nunca tenemos una impresión de tal cosa. Más bien, la idea de causa es producida por nuestra mente debido a que hemos visto reptidamente acontecimientos parecidos en los que un elemento (al que llamamos causa) siempre aparece antes de otro elemento (el efecto) y contiguo a él. Por ejemplo, siempre que hemos visto el fuego hemos visto después el humo en el mismo lugar, o siempre que hemos observado una bola de billar golpear a una seguda bola, hemos contemplado cómo ésta se ponía en movimiento. Pero, según Hume, aquí debemos guiarnos por el rigor epistemológico: una cosa es que siempre que haya ocurrido el suceso A haya tenido también lugar el fenómeno B, y otra cosa muy diferente que entre A y B exista algún tipo de nexo, de vínculo necesario. De ese vínculo, que sería propiamente la causa, no existe ninguna impresión, por tanto, no puede ser sino una elaboración de nuestra mente.

El escepticismo de Hume: una raconalidad modesta

Según Hume, siempre que razonamos sobre cuestiones de hecho utilizamos las noción de causa, y suponemos vínculos necesrios entre fenómenos. Pero el fundamento de todo ello no es ningún argumento con el que demostrar que las relación causal entre fenómenos existe (y con ello la necesidad física) sino tan sólo el hábito y la propia naturaleza humana, que tiende a esperar que la naturaleza se comporte en el futuro de un modo semejante a como la ha observado comportarse en el pasado. No existe argumento para demostrar que ello deba ser así, pero la naturaleza humana podee una tendencia natural a creerlo. Ahí es donde reside, para Hume, el verdadero fundamento de la ciencia, en la experiencia y en las inclinaciones epistemológicas de la naturaleza humana.

De ese modo, Hume imprimió un giro escéptico a la filsofía moderna. Según el filósofos Richard Rorty, los principales filósofos del siglo XVII se adscriben a lo que él llamó el fundamentalismo epistemológico. Según esta visión, la filosofía –particularmente la teoría del conocimiento- debe demostrar la verdad de una serie de creencias básicas sobre la realidad. Por ejemplo, que existe una realidad material independiente de nosotros, que existen otras mentes o que la naturaleza se comporta de acuerdo con leyes necesarias (ceceesidad física). El sentido de la filosofía de Hume consiste, precisamente, en negar que podamos demostrar tales cosas (u otras como la existencia de Dios o incluso del “Yo”). Nuestras creencias, digamos, en la necesidad física de las leyes de la naturaleza (y en las otras cosas) tienen un fundamento mucho más humilde, tanto que no puede demostrarse que sean verdaderas. Ese fundamento son nuestra experiencia así como los hábitos intelectuales de la naturaleza humana.

Por eso, es importante matizar el ecepticismo de Hume. Éste no afecta tanto a las creencias como a los fundamentos de las mismas. No se trata de que, según Hume, no debamos creer en que el Sol no saldrá mañana, o de que debamos suspender nuestro juicio sobre si saldrá o no, a pesar de haber estado haciéndolo desde siempre. De lo que se trata, más bien, es de reconocer que nuestra creencia en que el Sol saldrá mañana, no puede ser demostrada, y de que su verdadero fundamento no es ningún argumento definitivo, demostrativo, sino el hábito de creer que la naturaleza se comportará mañana del mismo modo en que lo ha venido hacinedo hasta ahora. Con ello Hume se opone a lo que tanto Descartes, como Newton o Spinoza tenían en común, la pretensión de dmostrar la necesidad de cuanto ocurre en el universo fícsico, la confianza en algún tipo de fundamentalismo epistemológico en relación a nuestro conocimiento sobre el mundo. El resultado es que para Hume, la única ciencia demsostrada es la matemática, mientras que las ciencias que tratan sobre cuestiones de hecho (como la física) quedará siempre sin demostrar. Esta visión sobre la ciencia y sus fundamentos influirá podermosamente sobre Popper, que, no en vano, llamará al problema de la inducción “el problema de Hume” (a quien dará la razón en este punto) y con quien dirá que no existe manera demostrar la verdad de las leyes de la naturaleza, por lo que el conocimiento científico siempre es provisional, sin que por ello debamos decir que es irracional.