pascualgc.com Filosofía II Hume: crítica al concepto de causalidad

Crítica de Hume al princpio de causalidad

Pascual González

Apuntes de Filosofía. 2º de Bachillerato

Estos apuntes son una explicación de cómo Hume refuta la pretensión de que el principio de causalidad sea necesario.

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Para empezar, pongamos la crítica que hace Hume del principio de causalidad en la perspectiva de su empirismo. Como buen empirista, Hume dice que toda idea procede de una impresión previa, y que toda idea compleja es una construcción elaborada a partir de ideas más sencillas. A partir de aquí Hume concibe su propio proyecto filosófico: analizar alguna de las ideas –sumamente complejas- que la tradición filosófica ha consagrado remontándose desde ellas, a través de ideas más simples, hasta aquellas impresiones de las cuales deben proceder. Utilizando un término de modo en nuestros días aunque desconocido para la época de Hume, podemos decir que su filosofía es un ejercicio de “ingeniería inversa”. O sea, se toman ideas muy complejas y “se desarman” en ideas más sencillas para ver cómo se han generado. Eso es precisamente lo que Hume hará con el principio de causalidad.

Adelantemos la respuesta de Hume: según él la idea de causa no tiene una base en la experiencia, sino en los hábitos e inclinaciones naturales del entendimiento humano. O sea, en la naturaleza humana.

Veámoslo tomando como ejemplo un suceso en el que solemos hablar de causas y efectos. En una mesa de billar una bola (A) golpea una bola (B) que está quieta. Tras el impacto la bola (B) comienza a moverse. Lo primero que dice Hume es que si fuéramos como Adán, que nunca ha presenciado un episodio parecido –o sea, si no poseyéramos una experiencia previa- seríamos totalmente incapaces de anticipar el movimiento de (B). Ello es así porque dicha conclusión no es una relación de ideas (o sea, nada hay en la idea de una bola en movimiento, ni en la del impacto de una bola contra otra que entrañe la idea de que la bola golpeada deba moverse). Dicho de otro modo: no hay necesidad lógica alguna en el movimieto de (B) tras recibir el impacto por parte de (A).

Por tanto, la idea de causa sólo se ha podido formar tras tener determinadas experiencias. Por ejemplo, el caso de las bolas, hemos tenido que observar:

Esas condiciones, según Hume, son las que nos hacen afirmar que entre dos fenómenos existe una relación causal. Solemos afirmar que el fenómeno A es causa de B porque en repetidas ocasiones han coincidido fenómenos semejantes a A y B; porque además lo han hecho de forma contigua y porque, además, los fenómenos semejantes a A siempre han tenido lugar con anterioridad a los fenómenos semejantes a B. Así, Hume dice que semejanza, contigüidad y anterioridad son lo que nos hace asociar unos fenómenos con otros y atribuir una relación de causalidad entre ellos.

Y aquí es donde comienzan los problemas para el principio de causalidad y la crítica de Hume al mismo. Porque según Hume la idea de causalidad entraña algo más que la mera coaparición entre dos fenómenos. Ese algo más es la existencia de un vínculo entre ellos. O sea, el principio de causalidad no se limita a decir:

Sino que afirma algo más:

Y por tanto:

Pues bien, para Hume, sobre la base de la experiencia se puede afirmar (1) sin problemas. En cambio, no existe forma de demostrar (2) ni su equivalente (3). Una cosa es que dos fenómenos siempre hayan aparecido juntos (como el fuego y el humo, por ejemplo) y otra cosa muy distinta es decir que han aparecido juntos porque existe algún tipo de enlace causal entre ellos y que, por tanto, seguirán apareciendo juntos en el futuro. Eso, insiste Hume, no hay forma de demostrarlo. Solemos creerlo porque se ajusta el modo en que nuestra naturaleza (la naturaleza de nuestro entendimiento) asocia fenómenos. Pero una cosa es que creamos en la causalidad porque tengamos un hábito natural y otra muy distinta que poseamos algún procedimiento para demostrarlo. Al igual que ocurre con la existencia del mundo exterior, con la idea de Dios, con el “yo” personal… no podemos demostrar su existencia.

Esta es, brevemente, la crítica de Hume a la idea de causalidad. Intentemos ahora entender su importancia dentro del contexto filosófico de su tiempo.

Durante todo el siglo XVII ha tenido lugar uno de los más importantes logros de la historia del conocimiento: la llamada “revolución científica” o, si se prefiere, la aparición de la “ciencia moderna”, que tiene como protagonistas a nombres como Galileo, Descartes o Newton. Más allá de las diferencias entre ellos casi todos aceptan una noción fundamental: la idea de “ley de la naturaleza”. Las leyes de la naturaleza son entendidas como aquellas formas en que la naturaleza actúa de modo necesario. Por ejemplo la ley de la gravitación o la de la refracción de la luz. Lo importante es que según autores como Newton (cuyas ideas triunfaron desde antes incluso de su muerte) las leyes de naturaleza eran necesarias.

Pues bien, en el fondo la importancia del análisis que hace Hume del principio de causalidad es que no tenemos ningún argumento para demostrar esa necesidad. Si no se puede demostrar la existencia de relaciones necesarias entre fenómenos, entonces las leyes de la naturaleza, más que “leyes” deben quedar reducidas a meras regularidades constadas. Si tomamos por ejemplo la ley de gravitación universal, en rigor no podemos demostrar que esta consista en que “dadas dos masas estas necesariamente se atraerán etc.”. Sino, más bien en algo del estilo: “hasta ahora, siempre que hemos observado dos masas, ha sucedido que éstas se han comportado como si se atrajeran etc.”

Dicho de otro modo: la idea de necesidad sólo pertenece al ámbito de las “relaciones de ideas”. O sea, a la matemática y la lógica. En cambio, en las ciencias empíricas, como la física, sólo podemos razonar mediante cuestiones de hecho. Y no existe forma de demostrar que una cuestión de hecho sea necesaria.

En definitiva, el planteamiento de Hume resulta bastante radical, pues la idea de que la naturaleza se comporta de forma necesaria de acuerdo con leyes era una idea central de la nueva ciencia moderna. Hume dice justamente que es imposible demostrar ese carácter necesario.

Todo ello está en consonancia con una característica de la filosofía de Hume. Me refiero a que según ésta el afán de la epistemología y de la ciencia modernas de fundamentar nuestra ciencia ya sea en argumentos conceptuales (Descartes) o en argumentos inductivos (Newton) está llamada al fracaso: no hay forma de demostrar cosas como la existencia del mundo material o las relaciones causales. Aquello a lo que se llama razón en realidad no es más que un conjunto de hábitos, de costumbres y de inclinaciones naturales. En ese sentido, podemos decir que Hume propone una idea de razón mucho más débil, mucho más humilde que la que tenían pensadores como Descartes o como Newton.