NOTA:Ésta es una posible respuesta a una de las preguntas más típicas sobre Platón. No se trata de que el alumno se aprenda este apunte para recitarlo en el examen. Además la pregunta puede no coincidir exactamente con la que contestamos aquí. No obstante, creo que lo que sigue puede servir como orientación.
PREGUNTA
En La República, Platón llevó a cabo un análisis de los distintos grados de conocimiento según los objetos accesibles al mismo y según la situación o actitud cognoscitiva del hombre respecto a ellos. Describe esos grados de conocimiento los objetos que corresponden a cada uno de ellos.
RESPUESTA
En efecto, uno de los postulados del platonismo es que existen diferentes tipos de objetos y que a cada uno de ellos corresponde un grado de conocimiento. Dicho de otro modo: a diferentes niveles ontológicos les corresponden diferentes niveles epistemológicos. Esta distinción aparece articulada en el texto de la línea dividida donde, además, los diferentes grados de ser y de conocimiento se corresponden con los diferentes estadios de la escena que Platón presenta en su alegoría de la caverna. La primera gran división es entre objetos inteligibles (Tà Noetá) y objetos visibles (tà oratá), o sensibles (tà aisthetá) . A los primeros les corresponde un grado de conocimiento al que Platón da el nombre de episteme. Es el conocimiento propiamente dicho, en la medida en que es riguroso y racional. De hecho, éste es el término que más tarde empleó Aristóteles para referirse a lo que en la cultura latina se traduciría como scientia (ciencia). A diferencia del conocimiento que podemos tener sobre las entidades abstractas, inteligibles, a las que Platón llamaba ideas, sobre los objetos sensibles sólo cabe un grado epistemológico que recibe el nombre de opinión (doxa). Si nos referimos al texto de la caverna, los objetos sensibles están representados por el interior de la caverna, y la doxa, la opinión, sería el estado mental propio de quien habita en ella. En cambio, el exterior de la cueva sería una referencia simbólica a los objetos inteligibles, al mundo de las ideas, y el estado mental de quien reconoce ese exterior como la auténtica realidad, simbolizaría la episteme o ciencia.
Pero, además, cada una de esos dos segmentos de la línea se vuelve a dividir, con lo que en el ámbito de objetos sensibles nos podemos topar con imágenes (eikonés),a las que correspondería como contrapartida epistemológica la imaginación (eikasía). Nos encontramos en el nivel ínfimo tanto de ser como de conocer. O sea, con el grado representado simbólicamente por los prisioneros encadenados en el vientre de la caverna y que toman las sombras sobre el muro como la única realidad. Este estado quizá nos dé pie para interpretar también el término eikasía como ilusión. La eikasía es el grado de conocimiento que se corresponde con las imágenes de lo sensible. En la escena de la caverna esas imágenes las producen quienes, ocultos tras el muro que se levanta a la espalda de los prisioneros, transportan objetos y hablan. Esto parece autorizarnos a interpretarla como todo aquél conjunto de tópicos y "verdades" no cuestionadas que circulan de manera acrítica en una sociedad, en la polis. También parece estar pensando en algo así Emilio Lledó, cuando establece una analogía entre el muro de la caverna y la pantalla del televisor, por donde, hoy, circulan infinidad de tópicos culturales, éticos y políticos.
La pistis es un grado superior de conocimiento, y se refiere a las creencias que nos hacemos sobre los objetos sensibles. A diferencia de la eikasía, a estas creencias no llegamos por la sugestión que nos producen las imágenes que otros nos transmiten. Aquí el ciudadano tiene una experiencia directa de aquello respecto de lo que pina, pero no puede considerarse que ese estado mental merezca ser considerado como conocimiento propiamente dicho, puesto que el mundo de los objetos sensibles -lo que el pensamiento griego designó con el nombre de Physis- no es susceptible de ser aprehendido racionalmente. Aquí Platón sigue la persuasión de Parménides, para quien los sentidos constituyen la "vía del error", sólo nos informan de la apariencia, mientras que sólo del Ser, o sea, de aquello que es idéntico así mismo y nunca cambia, cabe la inteligibilidad.
Esta inteligibilidad sólo es posible alcanzarla respecto de los objetos abstractos, inteligibles, a los que se refiere la parte superior de la línea dividida o, si nos referimos a la alegoría de la caverna, el exterior de ésta. Cuando el ex-prisionero alcanza el exterior, que simboliza el ámbito de los objetos inteligibles, debe contentarse con mirar los reflejos de los seres vivos, puesto que la ofuscación que la luz solar le produce le impide elevar la vista. Necesita, pues, habituarse a su nuevo estado. Esta fase de la escena se corresponde en el texto de la línea con los objetos matemáticos y los hábitos mentales que produce el trato con ellos. Así pues, y según Platón, dichos objetos (tà mathematiká) son los que permiten la transición de la opinión al conocimiento. Al principio, cuenta el filósofo, quienes tratan con los objetos matemáticos se apoyan en hipótesis y razonan sobre ellas. Se ha discutido mucho sobre el significado, en este contexto, del término hipótesis. Pero siguiendo al historiador F. Copleston, aquí tomaremos éstas como los diagramas (sensibles) de los que se valen los geómetras. O sea, los círculos, líneas, ángulos que se trazan sobre la tierra o sobre una tablilla como ayuda para razonar sobre los objetos geométricos. Esas figuras son sensibles, pero los razonamientos (dianoia) acerca de ellos están guiados de una forma lógica. Porque la geometría no habla en realidad de los triángulos o círculos dibujados, sino sobre triángulos y círculos ideales. Los dibujos sólo son un apoyo, facilitan el aprendizaje, de la misma forma que las sombras y reflejos de los seres vivos que el exprisionero encuentra en el exterior de la caverna le permiten a éste aprender a ver en ese nuevo espacio dominado por la luz solar, tan distinta de la que irradiaba el fuego del interior. Esta idea puede reforzarse si tenemos en cuenta que en el griego de Platón "tà mathematiká" proviene del verbo manzano, que no significa otra cosa que aprender, por lo que Platón se está refiriendo a los objetos de la geometría como a los objetos de aprendizaje.
Una vez que el ciudadano ha llegado a este estadio de la paideia que Platón propone, es cuando está en condiciones de razonar sin el apoyo de esas hipótesis. O sea, de entender que el auténtico conocimiento versa sobre objetos enteramente inteligibles. Por tanto, su mente ya no "mira" hacia las hipótesis, sino a los principios (archai). El estado mental que posee respecto a éstos recibe el nombre de noesis (intuición o visión intelectual). Estés el auténtico conocimiento de ideas, que debe culminar con la intelección de las ideas supremas, como la de Justicia, la de Belleza o la de Bien, que en este contexto Platón hace corresponder con el Solo que ilumina el luminoso espacio del exterior de la caverna.
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