1.- La realidad se divide en dos grandes conjuntos de objetos: objetos inteligibles [Ideas] y objetos sensibles [todas las cosas que captamos a través de los sentidos]. De cada uno de esos tipos de objetos podemos obtener un tipo de conocimiento. Además, a cada uno de ellos le corresponde un valor ontológico o, si se quiere, un grado de ser.
2.- Las ideas son entidades abstractas (carecen de propiedades sensibles) y, además, son independientes de la mente. Por eso no se deben confundir las ideas, en sentido platónico, con los conceptos, entendidos como construcciones mentales abstractas.
3.- Los objetos sensibles existen porque existen las ideas y porque guardan alguna relación con ellas. Por ejemplo, si hay cosas bellas, acciones justas u hombres valientes es porque antes existen las ideas de belleza, de justicia o de valentía.
4.- Las ideas son eternas: nunca cambian; siempre permanecen idénticas a sí mismas. Para expresarlo con un ejemplo, podemos decir que para Platón no tendría sentido una afirmación como la idea de Belleza es diferente para cada época, pues la idea de Belleza debe ser siempre la misma independientemente de si los hombres dicen cosas distintas sobre ella en diferentes momentos históricos. Los objetos sensibles, en cambio, están en perpetuo cambio o devenir. Por ejemplo, el tiempo vuelve a las cosas y a las personas más feas o más bellas: nos aleja o nos acerca de la Belleza.
1.- Relación de las ideas con las cosas sensibles. A veces se ha entendido como una relación de parecido. Pero esta vía parece que fue descartada por el mismo Platón en sus diálogos de vejez, (por ejemplo en el Parménides) pues hablar de una relación de parecido implicaría atribuir a las ideas características sensibles. En este sentido es absurdo pensar que los hombres particulares se parecen a la idea de hombre, dado que la relación de parecido es una relación entre características sensibles. Parece contradictorio preguntar cosas como a qué huele la idea de flor, o si la idea de triángulo es isósceles, escalena o equilátera.
Ante las dificultades de explicar esa relación (la de las ideas con las entidades sensibles) Platón recurrió al concepto de participación, pero no parece que describiera de manera detallada y rigurosa en qué consiste esa relación. Además, como prueba de la dificultad que este problema plantea al platonismo, podemos aducir el recurso de Platón a historias e imágenes más o menos didácticas pergeñadas por él mismo, como por ejemplo el mito cosmológico del Demiurgo (Timeo).
2.- El otro gran problema del platonismo, si se me permite esa expresión, es el de la población del mundo de las ideas. O sea, de qué cosas existen ideas. Al comienzo, en los primeros diálogos, más influidos por el contexto socrático donde el problema ético y político es preeminente, Platón habla sobre todo de ideas morales (la virtud, la justicia...). Luego también habla de entidades matemáticas (la idea de línea, de círculo), de magnitudes como "grande", "pequeño" etc. Pero el caso es que en su obra tardía (p. ej. en el Parménides) se preguntará si existen también ideas como las de "pelo", "uña", "basura". Parece que, efectivamente, Platón tendía a reconocer la existencia de tales cosas.
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